Una semana en Ordesa (¡Viñamala!)

Puede decirse que casi acabar el año visitando una de las primeras reservas declaradas en España hace, cuanto menos, ilusión ya de entrada. Sin embargo, para la Reserva de la Biosfera de Laciana, ha sido más que una semana ilusionante.

El poder recorrer la reserva, de mano de quienes mejor la conocen, y poder estar atormentándoles a preguntas sin que se quejen ha supuesto, junto con la observación y todas las experiencias que nos tenían preparadas, una forma estupenda de inmersión en otro territorio. Incluso aunque se compartan elementos (más estando en la misma red temática), cada reserva es un mundo. Y lo más enriquecedor ha sido eso: ver cómo funcionan esos mundos y cómo se puede trasladar eso al de cada una.

Uno de los aspectos más valiosos del intercambio fue poder profundizar en cómo se gestiona el territorio desde dentro: hablar sobre uso público, financiación y órganos de gestión, recorrer espacios de uso restringido y entender de forma práctica cómo se regula la actividad turística en entornos especialmente sensibles. A esto se sumaron espacios de trabajo compartido, como un taller participativo sobre servicios ecosistémicos, que ayudaron a poner palabras y metodología a muchas ideas que a veces solo manejamos de forma intuitiva.

La visita a distintos recursos patrimoniales permitió descubrir otras formas de conservar y contar la historia del territorio. Lugares como el ecomuseo de Aínsa o los recorridos por elementos megalíticos y ermitas mostraron cómo el patrimonio cultural puede convertirse en una poderosa herramienta de educación, identidad y desarrollo local. A ello se unió la observación de fauna, donde se abordó de forma muy clara el difícil equilibrio entre la conservación de especies emblemáticas y el uso turístico responsable.

También resultó especialmente inspirador conocer experiencias de recuperación de pueblos abandonados y su transformación en espacios educativos, donde el patrimonio material e inmaterial se convierte en recurso didáctico: casas museo, antiguas aulas, proyectos de divulgación, albergues… Todo ello acompañado de ejemplos de compatibilización entre turismo, energía, infraestructuras hidráulicas y otros aprovechamientos del territorio.

Incluso los elementos más discretos del paisaje se convirtieron en lecciones de comunicación ambiental, gracias a rutas interpretativas con paneles interactivos y herramientas digitales que invitan a mirar con otros ojos y a participar de la experiencia, no solo a recorrerla.

Otro de los puntos fuertes del intercambio ha sido poder coincidir con otras compañeras, en nuestro caso de Sierra del Rincón y Cuencas Altas del Manzanares, Lozoya y Guadarrama, a través de las cuales pudimos, sin verlos físicamente, conocer sus territorios.

El cierre de la semana fue también un espacio de mirada hacia el futuro, compartiendo tiempo y conversaciones sobre proyectos europeos, fuentes de financiación, oportunidades, dificultades y mecanismos de solicitud. Un recordatorio de que el trabajo en red no solo suma recursos, sino también confianza y horizonte compartido.

En resumen: no hay una parte que solo enseñe y otra que solo aprenda. En estos intercambios ambas actividades tocan a las dos partes, y se realizan casi sin darnos cuenta, a la vez que disfrutamos de conocer un territorio a través de sus gentes y sus paisajes.

2025-11-25T13:10:03+00:00 noviembre 25th, 2025|Categorías: Uncategorized|Etiquetas: , , , , |

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